VIVIR DESDE LA ESENCIA

 

Si bien, desde mi punto de vista, considero que todo está interrelacionado, a modo didáctico se podría decir que somos la suma de la esencia con nuestra apariencia (conformada de nuestros cuerpos físico, mental y emocional).  Pero lo que se intuye es que todo es uno. Lo que ocurre es que esa esencia está velada, es como si estuviera recubierta de muchas capas que impiden la verdadera visión.

    Dadas las circunstancias que todos estamos atravesando, diría que urge más que nunca vivir desde la esencia, lo que realmente somos. Eso que es imperecedero, porque como dice Emilio Carrillo, la apariencia tiene fecha de caducidad. Pero la esencia no.



    Desde lo espiritual, vivir hoy desde la esencia es comprender que nuestra dimensión álmica y espiritual es la que encarna en lo estrictamente humano. Y  esa dimensión es la que nos une a  la vida toda. En estos momentos tenemos la oportunidad a respetar de una vez y para siempre a todas las formas de vida del planeta Tierra, Gaia para muchos (el planeta como un ser vivo).

     La vida es un sinfín de ciclos. Hoy lo viejo se cae a pedazos y se nos invita a generar una nueva humanidad  basada en valores orientados hacia el amor, que es lo que realmente somos aunque esté cubierto más o menos de polvo. El respeto por las relaciones humanas, el valor de todas las formas de vida y una sociedad basada en los dones y talentos de cada individuo son algunas cuestiones en las que ya nos podemos poner a trabajar desde lo cotidiano. No hace falta ir hacia ninguna parte. Con lo que la realidad nos presenta ir modelando eso que nos gustaría ver más allá, para así darle sentido a la transición de una sociedad distópica a una mejor.

     Probablemente nos queden tiempos muy duros por experimentar. Pero considero que la mirada tiene que estar es esta nueva humanidad con lo mucho o poco que pueda hacer desde dónde se esté. Como dice el slogan: “la salida es hacia adentro”, hacia el corazón.

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